viernes, 15 de octubre de 2010

Reflejos dorados

La serpiente me quedó más gorda de lo previsto. Me fascinaba tanto dibujar escamas que me había excedido un poco, y eso me preocupaba, porque conocía la historia de otro niño al que no le entendían sus dibujos de serpientes. Pero estaba decidido a ganar el concurso de pintura de la clase, y por eso había suplicado en casa hasta que me compraron la pintura color oro, para darle brillo a mi dibujo de “Gema”, la boa del tío Jesús. Tan convencido estaba de que ganaría que aún no entiendo por qué la profesora echó mi dibujo al montón de descalificados mientras murmuraba con desdén: ¡dije animales de compañía!

Semana 8 del concurso de "Relatos en cadena". Cadena SER - Escuela de Escritores.

*Publicado originalmente el 6 de Noviembre de 2008, en el espacio Elena y el Trueno*

Prisionera

Suena el despertador. Con los ojos aún cerrados quiere pensar que lo ha soñado, que aún son las tres y quedan horas por dormir. Abre los ojos, mira el reloj y no quiere creerle. Se queda quieta por un momento, escuchando… no ha desaparecido. El nudo en el estómago sigue oprimiendo, como si deseara hacerse dueño de esa parte de su cuerpo y echarla a ella. Se levanta mecánicamente y aprieta la tecla del contestador. Tampoco ha llamado de madrugada. Se prepara una tostada y desayuna despacio, frente al teléfono, intentando hacerse un hueco en su propio estómago.

Cuando sale a la calle vuelve a ser un día gris bajo un sol radiante, pero ella ya no lo nota. El nudo va creciendo, lo sabe, y se le hace más difícil que ayer oponer resistencia.

Al volver a casa escucha los mensajes del contestador. No ha llamado. Intenta comer algo, sentada junto a teléfono, para ver si así consigue echar dos o tres miedos de su tripa; pero están tan aferrados que no hay manera. Cuando despierta de la siesta, con el teléfono entre los brazos, no queda nada de su víscera. ¿Por qué no llama? ¡Tiene que saberlo!

Pasa toda la tarde y ni un solo ruido rompe el silencio que se cierne sobre ella. No distingue si es el estómago el que empuja hacia afuera, o el silencio el que aprieta hacia adentro. No aguanta más. Y no ha llamado. De nuevo tendrá que tomar las condenadas pastillas para deshacer el nudo.


*Publicado originalmente el 9 de Octubre de 2008, en el espacio Elena y el Trueno*

Para todos los públicos


Pues eso, que se lo recomiendo a todo el mundo. El musical "Hoy no me puedo levantar" es un espectáculo de casi cuatro horas de duración que se pasan en un suspiro. Luz, color, música, y muchas muchas emociones. Y es que cuando lo ves te das cuenta de que las canciones de Mecano bien sirven para componer el argumento de una historia, o de miles de ellas, por su originalidad y su versatilidad.

Las canciones de Mecano componen una parte de la banda sonora de mi vida, y seguro que de la de la mayoría de los españoles. Quien más quien menos sabe de memoria la mayoría de los estribillos, si no las canciones completas. Y este musical es una oportunidad perfecta para recordarlas, tararearlas o cantarlas a voz en grito haciendo los coros a los actores, que a pesar de llevar no sé cuántos años interpretando el mismo musical cada fin de semana parece que no se aburren, y le ponen todas las ganas.

En definitiva, si tenéis la oportunidad de verlo, no lo dudéis, no os va a decepcionar. Y así no seré la única incapaz de sacarme las canciones de la cabeza, que ya han pasado dos días...

♫♪ Era rusa y se llamaba Laika ♪ ♫ ♪...

*Publicado originalmente el 5 de Octubre de 2008, en el espacio Elena y el Trueno*

Desidia

Después de un fin de semana hueco, ya veía que se acercaba una semana de desidia. Tampoco es peligroso, siempre que no se alargue más de lo debido, y seguro que no, pues ésta es ya la última semana de inactividad reflexiva. Por fin empieza la agenda apretada y la falta de tiempo para pensar, que estoy convencida que echaré en falta en cuatro días, pero en principio me va a relajar.

Y es que estoy condenada a vivir en un ascensor que no sabe parar. Cuando estoy en un momento en el que nada podría ir mejor, hay un cortocircuito en el sistema nervioso de mi cabeza, en mi cascada hormonal o vete a saber dónde y el ascensor empieza a bajar. Las causas del cortocircuito son desconocidas muchas veces, insignificantes otras muchas, y la mayoría de las veces, inexistentes. A lo mejor algo de culpa la tienen los genes. O mi incapacidad para subirme a unos zapatos de tacón. Esta semana igual la culpable es esta maldita ciudad, empeñada en una fiesta que no me pertenece.

Lo bueno de que sea un ciclo es que después de tanto tiempo ya sé que no hace falta desanimarse más de la cuenta, pues todo lo que baja, sube, y así ha sido desde que tengo uso de razón. Lo malo es que una es plenamente consciente de que está abatida, (el saber que es sin razón empeora el panorama), pero cuando la situación es al revés, de felicidad radiante, es más difícil darse cuenta. Me gustaría pensar que el no ser consciente de que se está feliz no impide aprovechar esos momentos al máximo, aunque tengo mis dudas.
Quizá el secreto resida en esto. Estoy feliz muchas veces, y unas pocas no lo estoy. Pero yo SOY feliz en general, ¿no? A pesar de estos momentos, juraría que soy feliz. (RAE- Felicidad: Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. Sí, soy feliz) Por otra parte, debería escudriñar entre cada día y cada noche para descubrir los momentos de placidez y no dejarlos escapar hasta haberles sorbido todo el jugo, y que caigan exhaustos, y yo con ellos.

De todas formas me inquieta lo poco que controlo mi ánimo; ¿por qué una pequeña desilusión puede matar la semana completa? Tampoco he descubierto nada nuevo... sólo que somos tan distintos... tal vez la otra parte del secreto sea dejar de intentar dar sentido a lo que no entiendo.

Espero desde el primer piso (el sótano lo dejé abajo antes de ayer) a que este cacharro suba, cuanto más deprisa mejor. Mientras tanto, debo agradecer el entusiasmo de la única persona infalible que conozco (por el momento), mi gran amigo, especialista en descubrirme la nube gris entre todos los nubarrones negros que amenazan tormenta, el experto en pulsar el botón que nos envía al último piso del rascacielos. Gracias, Israel.


*Publicado originalmente el 24 de Septiembre de 2008, en el espacio Elena y el Trueno*

Soplos de realidad

No sé quién eres, pero te conozco. Ahora tu mundo es el mío; el que te inventas cada día, y el que no. Todo lo que haces lo hago yo por ti.

Cuando estás contenta, soy yo la que está feliz, la que mira con optimismo hacia adelante. Cuando tienes uno de esos días en que todo sale mal, es mi almohada la que se llena de lágrimas, de mordiscos que ahogan gritos, de rabia, de desesperación. Ahora yo soy tú, sin querer, soy yo la que juega con las letras formando palabras, la que juega con las palabras y escribe tan bonito. Cuando es el cumpleaños de tu abuela, es la mía la que sopla las velas, o mejor aún, tu abuela es mi abuela. Tengo reuniones de amigas que celebran ser amigas. Tengo un desamor triste que me enseña a salvar cada obstáculo que encuentro. Tengo excursiones, reflexiones, música, fotografías, historias, números, estudios, viajes y familia en el extranjero, que me quiere y me echa de menos. Porque yo soy tú. Y me voy a poner la peluca pelirroja para salir a buscarte/me, para escuchar algo de música en el sitio de siempre.

No sé quién eres, pero te leo. Y ese es tu/mi soplo de vida.

*Publicado originalmente el 17 de Septiembre de 2008, en el espacio Elena y el Trueno*

De vez en cuando la vida...

No sé si Carmen Posadas ha leído la última entrada de este blog o simplemente se ha dado cuenta a la vez que yo de que el feminismo aburre. Ya sé cómo es un artículo en el que Carmen Posadas cuenta lo mucho que le gustan los hombres. Ya no me resulta imposible imaginarlo. Si queréis leerlo, viene a decir algo parecido a lo que quería expresar yo en el post anterior, pero con mejor pluma:

*Publicado originalmente el 7 de Julio de 2008, en el espacio Elena y el Trueno*