martes, 30 de marzo de 2010
Mi fiel compañera
lunes, 15 de marzo de 2010
Aguzando el oído
Recuerdo perfectamente cuándo y dónde le escuché por primera vez, en el año 2000, en el salón común de una residencia universitaria. Yo sólo pasaba por allí, y al escuchar esa voz me detuve, di media vuelta, me senté en el sofá y vi el videoclip entero en la tele. Esperé a que pusiera el nombre del cantante, lo memoricé y lo asocié a esa voz, inconfundible desde entonces y hasta ahora. No me acuerdo qué canción era, pero me encantó.
Y qué decir de Leonor Watling. Su voz es preciosa, hablando, actuando, cantando, chillando. Tiene muchísimos registros y sabe explotarlos y cambiar de uno a otro sin pestañear. Lo que siempre me llama la atención es cómo puede salir esa voz tan potente de ese cuerpo delgado, y encima parecer que lo hace sin ningún tipo de esfuerzo. Además, su sola presencia llena el escenario, con ese halo de sensualidad y timidez mal mezcladas.viernes, 12 de febrero de 2010
Uno más uno
Procuro mirar poco hacia atrás para impedir que el pasado no me deje avanzar, pero casi todo lo que he vivido en general está bajo el manto de la felicidad; he tenido la suerte de no pasar muchos malos momentos, y eso sí creo que es bueno recordarlo de vez en cuando, para que no hagamos un mundo de cualquier contratiempo, y nos alegremos de la fortuna que tenemos.
El caso es que empiezo a darme cuenta de que muchas de las escenas que recuerdo están ligadas a ti, y ya pronto superará el tiempo que llevamos conociéndonos al tiempo en que éramos dos extraños.
Y es que esta historia, a pesar de ser como todas las demás, a nosotros siempre nos ha parecido especial. Por eso siento emoción por todo lo que hemos vivido, y por cómo nos hemos construido. Es difícil que dos personas se acomoden, a pesar de que se quieran, pero a nosotros nos ha resultado fácil, natural, espontáneo, igual porque apenas hemos tenido que sacrificar cosas en el camino.
Quizá nos ha parecido sencillo porque ninguno de los dos ha querido renunciar a sí mismo para ser para el otro, aunque sea imposible decir que no hemos cambiado en nada. Quizá porque, aunque me costara años darme cuenta, fue en el momento en el que nos conocimos cuando supe que engranábamos casi a la perfección. Podemos estar felices porque ha pasado mucho tiempo y las ruedas giran como al principio. Y aunque ya no es el tiempo de las prisas (por vernos, por vivir juntos), cada día descubrimos algo nuevo y mantenemos intacta la ilusión de que sea así.
Estamos contentos de ser como somos, contentos con los hilos que hemos trenzado. No necesitamos que me lleves de la cintura a todas horas como si me enarbolaras, no queremos que me protejas de nada, ni tampoco que yo te organice tus cosas. No pedimos al otro que haga aquello que no quiere si no es necesario, ¿para qué obligar continuamente si eso nos acaba desgastando? No necesito que te quedes en casa para poder desmelenarme; no necesitas que yo salga para poder controlarte. No nos gustan los pastelosos sanvalentines, ni tampoco las autofotos, que acaban reflejando en mil escenas una sola, aunque nos da rabia que, tras 14 años, sólo podamos juntar cuatro o cinco fotos en las que salimos los dos. Y además nos gusta que después de medio año algunos compañeros de clase no sepan ni que nos conocemos.
Así somos, y debe ser algo raro, porque así es como cuatro insensatos piensan que apenas nos queremos. Aunque muchos no lo crean, encajamos, y no necesitamos de ninguna de esas cosas para reafirmar nuestra conciencia de pareja.
Con saber que estoy aquí, con saber que tú también estás, con compartir todo este tiempo, sin ruido, con hacer muchas cimas juntos y muchas otras separados, con cada roce de mejilla, cada hueco pareado en el sofá, y además con cada una de las personas de nuestras familias, de nuestros amigos, que somos capaces de disfrutar para enriquecernos y crecer sin la escueta visión de dos, es con lo que construimos nuestro lugar, pues sin ellos no seríamos nosotros.
Desde el principio pensamos que nuestra historia es especial, y aunque sea como todas las demás, sólo el hecho de creerlo nos hace sentir más vivos e ilusionados por recorrer el resto del sendero.
martes, 26 de enero de 2010
Memoria infantil
Pudo ser este disco, que también pedía pero no me esperaba.O pudo ser este aparatito, bautizado ya como 'submarino' (o 'insumergible' ¿?), que no pedía, pero que resulta de lo más práctico ahora que ya lo domino y ha dejado de ponerme saltos de 3 segundos de canciones de Love of Lesbian, que he estado a punto varios días de hacerme un nudo con el cuerpo al ritmo de la música.
No me digáis que no es la caña. Más accesorios casi de los que sé utilizar ahora. Lo mejor de todo es que yo de pequeña ya tuve este juego. Y estuve dudando un rato si era el mismo, requetefregado y arreglado, pero el mismo. Definitivamente decidí que no, que era nuevecito, porque el maletín que yo tenía era bastante más grande y después de tantos años era imposible que estuviera impoluto. Bueno, pues sí, era nuevo, a estrenar (ya no, ya he jugado un par de veces), y del mismo tamaño que el antiguo, pero visto desde otra escala. Vamos, que era yo mucho más pequeña y el maletín me parecía enorme.
Desde entonces, he estado pensando en los juegos que tenía de pequeña, en los más viejos. Me acuerdo de muchos a los que no hacía ni caso, y de otros desgastados de tanto uso. Pero son dos de los que os voy a hablar hoy.
En primer lugar, de un Mandala que me trajeron mis padres de un viaje que hicieron, creo que a Valencia o a Alicante. Yo era muy pequeña, pero no sé cuánto de pequeña. Tampoco sé cuánto duró, creo que no mucho, porque un día se me coló por detrás del televisor de casa de mi Abuela, entre un doble fondo del mueble. Y allí se quedó. Me he acordado siempre de ese chisme, que entonces no tenía nombre, y lo he buscado siempre en toda clase de tiendas y mercadillos sin saber explicar lo que era. Hasta que hace unos años empezaron a verse en los puestos de los Mercados Medievales y a partir de entonces es fácil de encontrar y hemos podido conocer su nombre y su historia. Por supuesto, tengo dos ahora. Aunque he de decir que era más ideal la pérdida del juguete que la posesión del mismo. Y no sé si quiero que mi Abuela cambie el mueble del salón para poder recuperar el Mandala auténtico, o prefiero que ese mueble no se mueva en toda la eternidad para tener la certeza imaginaria de que mi juguete está ahí.
Éstas son fotos de uno de mis Mandalas. El que yo tenía era de alambre dorado y con los abalorios naranjas (o así lo recuerdo yo).
domingo, 24 de enero de 2010
¿No estás en Facebook? No tienes vida social.
Por otra parte, también soy consciente de que las nuevas tecnologías nos acaban envolviendo a todos, queramos o no, y en poco tiempo pasan a formar parte de nuestra vida como si hubieran existido desde siempre. Todos tenemos al menos un teléfono móvil (y recuerdo algún discurso sobre la malignidad de las ondas mil veces repetido por alguna chica a la que ahora no hay quien la despegue de su celular), ya no nos sorprendemos de ver a alguien sentado en un parque con un ordenador portátil, ni de que los niños no repitan infinitamente en los viajes en coche eso de “¿cuándo llegamos?” porque están entretenidos viendo “Nemo”.
Así que las novedades que nos alcanza internet no serán menos, y acabaré yo también sucumbiendo a sus encantos, seguro, aunque ahora no sea capaz de ver las ventajas que ofrecen estas redes sociales (tampoco me pareció un gran invento el correo electrónico, y ahora lo utilizo cada día, y no para enviar presentaciones de power-point).
Debo decir de todas formas que hablo desde la más absoluta ignorancia sobre el uso diario que puede tener Facebook, en este caso. Mi registro en la red hace unos meses duró aproximadamente 40 minutos: no me pareció fácil de utilizar (soy un poco zopenca), y no me gustó lo que allí vi, algunas evidencias personales, hasta cierto punto impúdicas, que creo que yo no tengo por qué ver ni leer. Me pareció un escaparate de vidas privadas que dejan de serlo en un suspiro, y una fácil manera de saciar ese lado indiscreto y morboso que a todos se nos despierta alguna vez, pero que sería más sano dejar dormido todo el año. (Repito que es lo que descubrí en unos pocos minutos, que no me di tiempo para encontrar el lado positivo, que seguro tiene para arrastrar a tantas personas).
Pero esto me lleva a una reflexión importante: ¿acaso no desnudo yo mi alma bastante más en este sitio, tan íntimo, tan personal? Es posible que sí. Meditaré sobre ello. Mientras tanto, dejo la puerta abierta para que lancéis vuestras opiniones, usuarios y no usuarios de las redes sociales.

Estuve muy tentada de registrarme en Facebook cuando Mara Torres lo utilizaba para avisar a sus seguidores de la hora exacta de comienzo de su telediario. Ahora ya no es necesario. ¡Cómo me gusta esa chica!
lunes, 11 de enero de 2010
Helado de Enero
Además hemos marcado una nueva tendencia: ir de copas al bar 'de moda' con las polainas puestas.




