viernes, 15 de octubre de 2010

Trampas

He decidido añadir unas cuantas entradas para rellenar el vacío que he creado sin darme cuenta estos últimos meses. Como podéis ver son del blog que tenía en el Espacio de Windows Live. Ese espacio va a desaparecer en unos meses, y me apetecía rescatar algunas entradas, para no perderlas de vista. Al releerlas, veo que unas cuantas ya no tienen mucho sentido, pero lo tuvieron en su momento, por eso las traigo aquí. Otras incumplen las reglas que me propuse al iniciar este blog, porque éste es público y el anterior no lo era, pero si intento modificarlas para que se ajusten a las normas las voy a destripar, así que me permitiré estas pequeñas licencias. Los comentarios no los puedo migrar, es una pena. Al final de cada entrada he puesto la fecha original en que fueron publicadas.

Espero que sirva como pequeña trampa de actualización del blog, mientras intento acabar con la sequía mental que azota mi cerebro. Seguro que en poco tiempo acabo con el moscardón que me impide pensar claro esta vez, y puedo volver a imaginar, construir historias, eso que me resulta ahora tan complicado.

(Aprovecho para dar las gracias a Israel, a mi madre y a mi tía "Las Chavalucas", a la pediatra más insistente, y a mi amiga adicta a las cajas, por dar más manotazos que yo para espantar al moscardón, por no cansarse nunca de preguntar ¿qué tal?, por hacer los kilómetros necesarios para dar un abrazo)

Paraíso cercano

Aquí vinimos a descansar. A tostarnos en esta playa paradisíaca, bañarnos en aguas cristalinas y tomar piña colada, como vimos hacer a los famosos. Nos lo merecemos después de matarnos a trabajar toda la vida por cuatro perras.
Pero ahora me acuerdo del pueblo, y del monte; seguro que ya ha nevado. Echo de menos la partida de mus. Hasta me acuerdo de las ovejas, con lo que he renegado de ellas. Para colmo, a Carmina le sienta mal el sol.
Ella me mira seria, pero no dice nada. No. No fue muy buena idea atracar la sucursal del pueblo.

Semana 16 del concurso de Relatos en Cadena. CADENA SER - ESCUELA DE ESCRITORES

*Publicado originalmente el 4 de Febrero de 2010, en el espacio Elena y el Trueno*

De festival

Este año sí. No es que otros no, pero este año para mí ha sido casi perfecto. Y es que cada vez me gusta más el Festival de Ebrovisión. Me siento a veces como un poco intrusa, porque el festival está repleto de gente que conforma una tribu a la que no pertenezco, pero cada vez menos, y además hay que reconocer que allí también hay muchos más que no pegan ni con cola, pero que van a pasárselo bien y disfrutar del ambientazo que se vive durante casi cuatro días ya.

Me encantan los gafaspasta, tengan o no cristal, los raritos del flequillo, las chicas con pichi sin dar la sensación de que son escolares, los jerseys de rombos, las chapas, no sé, todo, y encima de mil colores.

Y por supuesto, la música. Ya sabéis que es uno de los motores del mundo. Como no soy auténtica, voy conociendo los grupos por culpa del festival, y por eso suelo llevar un retraso considerable, pero aún así hay muchos conciertos que resultan fascinantes. El directo siempre tiene lo suyo, y ver a más de 20 grupos por tan sólo 35€ es un regalo.

Casi siempre hay uno o dos conciertos que espero ansiosamente porque ya sé que me gustan, pero siempre suele suceder que hay otros, grupos desconocidos o conocidos sólo de oídas para mí que me sorprenden, bien porque el espectáculo que montan es impresionante o porque me encantan las canciones. También muchas veces un concierto resulta sublime por la entrega del público, generalmente correspondiendo a la entrega de los artistas, es mutuo.

La organización se supera año a año, van apareciendo citas nuevas, actividades, etc. Me han gustado mucho este año los conciertos del sábado a mediodía, la paella y la postpaella, a pesar de no estar en mi mejor estado de forma.

Ya sé que no voy a coincidir con casi nadie, y además no puedo explicar el porqué de muchos puestos (es lo que siento y punto), pero el ranking de este año lo sitúo más o menos así: Los primeros Sidonie (no sé, me parece que tocaron con muchas ganas, tal como son, aunque el último disco se vaya más al extremo que no me gusta), después Love of Lesbian (flipante, de verdad, ya tenemos los discos, esa voz siniestra pone los pelos de punta, uff), Arizona Baby (muy originales, me gustaron mucho), Vetusta Morla (me encanta el disco, aunque no se volcaran en exceso), y después, pues me pareció que sonaron bastante bien CatPeople y The Right Ons (aunque estos últimos les tengo en estima por el pañuelo que llevaba el cantante cuando les vimos en el Maqui).

Me imagino que queden cosas por mejorar, y de las que enumera la gente en el foro de Ebrovisión me quedo con lo de proporcionar más aseos, porque se quedan escasos aunque en general la peña es ordenada y rápida en la tarea.

Pues eso es todo. A pesar de la lluvia un fin de semana completo y muy entretenido, genial. Espero que siga mejorando cada año.

*Publicado originalmente el 24 de Septiembre de 2009, en el espacio Elena y el Trueno*

Esencial

Pasa el tiempo y aunque algunas cosas van cambiando hay otras que siguen igual que siempre. Y está bien que sea de esta forma, tener un punto de referencia al que mirar, que no se mueve, que te da la estabilidad que crees que desaparece cuando sopla marejada.

Así va pasando sucesivamente. Aunque parece que todo se va a dar vuelta de vez en cuando, algo acaba cambiando, el color, la forma, el lugar, pero la esencia permanece; al final lo importante sigue siendo lo mismo de siempre, los mismos de siempre.

Me encuentro con que este año (mi año va de septiembre a septiembre, y el de mucha gente más, pues es más natural que el año natural) han pasado muchas cosas, que bajo un punto de vista pueden considerarse importantes (casarse, acabar una carrera, vislumbrar por fin un trabajo digno, un sueldo digno), y no digo que no lo sean, pero por enormes que parezcan, yo sigo siendo la misma, no siento que nada haya cambiado. Y me gusta que sea así.

No he crecido, lo que sí sería trascendente, y sigo sin usar tacones. Tengo los mismos vicios, que son pocos pero me dan vida. Me emociono con las mismas cosas y me siguen reventando las mismas infamias. No me gusta detenerme mucho delante de los espejos por si un día descubro qué es lo que no encaja. Mi familia sigue siendo mi tesoro, y en este punto sólo puedo decir que he ganado (más familia). Me encanta el color rojo, y el azul, pero resulta que el que me sienta bien es el morado, que no me acaba de convencer y me parece agresivo.

Sigo teniendo los mismos amigos, los de verdad y los de mentira (todos insustituíbles), y los que se quedaron en el camino apenas duelen, aunque sí echo de menos a los hermanos de ojos verdes y a alguno de los locos albéitares. Me sacan de quicio las conversaciones huecas, me hacen sentir incómoda. Mantengo la aversión patológica hacia todos los fumadores (salvo honrosas excepciones). Tengo la mala costumbre de dejar todas las tareas pendientes para el final, y hacerlas al límite de tiempo, sólo por remolonear en tonterías. No me gusta, pero soy incapaz de cambiarlo.

Me encanta la cocina, aunque me entra el miedo escénico cuando no cocino para ti. Disfruto inventando sabores que a veces se desvanecen en segundos, y otras veces quedan en el fondo del cajón de las recetas secretas. Me gusta dormir con la persiana levantada, para guiñar los ojos cuando me da el sol en la cara y reírme de la mañana. Y dormir tocándonos sólo con un pie. Me gusta leer, lo que sea, pero no me suelo acordar de todo lo que intento aprender, por eso acostumbro a equivocarme siempre con las mismas cosas.

Me place hablar por teléfono, no por el aparato, sino porque me encanta hablar, saber y contar, y como las personas imprescindibles no están aquí, hablar por teléfono me hace sentirlas cerca. Me gustan además los silencios al teléfono, porque hacen que la conversación sea real, casi como en persona (casi). Me gusta llamar, y además que me llamen, porque ya sé que lo peor que les puede pasar a dos personas que se quieren es que pierdan el contacto.

Sigo enfadándome por las mismas tonterías, y me sigue deleitando comprobar que el hilo invisible que nos une continúa intacto. Que encuentro tus ojos entre la multitud y nos entendemos con un suspiro. Que nos mueven las mismas palabras, los mismos gestos, los mismos pensamientos. Me gustan las mañanas en que me arropas mientras yo susurro palabras sin sentido y me deslizo hasta el hueco que has dejado, en el que encajo como si fuera un abrazo.

Me irritan las relaciones superficiales y las personas ‘bienquedas’. Me desagrada hacer las cosas para halagar a alguien sin sentirlo, por compromiso. Por eso prefiero los detalles tontos que implican vínculo. Disfruto con la música, desde siempre, sólo por placer y además intentando significarla, aplicarla. Es uno de los motores de mi vida. Me gustan las noches de charlas y confesiones que acaban al amanecer, cuando ya nadie consigue mantener los ojos abiertos, y nadie es capaz de poner algo más de sí mismo en juego.

Adoro las tardes en las que no hacemos nada, y los lugares que encontramos por casualidad, que se acaban convirtiendo en parte de nosotros. Pienso todavía que los mejores planes son los que apenas se planean, los mejores discursos los que se improvisan, y la mejor palabra que puedes decir la que sientes de verdad, que sustituye a la más ostentosa y a la que el otro quiere oir. Me gusta el olor del mar, el de la hierba recién segada, el de la tierra mojada después de una tormenta, y me entretengo mirando cómo cambia la forma de las nubes, o buscando las constelaciones que no conozco en el cielo estrellado de verano.

A veces creo que nadie se da cuenta de lo que necesito a las personas (con mayúsculas, no a la gente), ni de que algunas me necesitan a mí, pero hay instantes en que se enciende una chispa que ilumina la realidad, y todo es claro, y todo se sabe sin que se diga nada. Esa magia también es un impulso vital. Me encantan los mensajes que se envían de madrugada, que en ocasiones te ponen en un aprieto, pero que acostumbran a ser clarividentes.

En definitiva, soy exactamente igual que hace un año. Quizá tengo alguna mancha más, alguna arruga en el cuerpo o en el alma, pero en esencia soy la misma, y los de alrededor también; por eso sé que no necesito ningún mapa para poder encontrar los rincones del mundo que me hacen ser feliz.


*Publicado originalmente el 24 de Junio de 2009, en el espacio Elena y el Trueno*

De bien nacidos...

Pasados ya unos cuantos días del maremoto de emociones sufrido (o más bien disfrutado) por la que suscribe, aún me resulta difícil concentrarme en las tareas diarias, pues continuamente me asaltan imágenes ante los ojos de los distintos momentos vividos, muy especiales para mí.

Para l@s que no se hayan dado cuenta, tanto el día de la boda como el anterior fueron casi gloriosos para mí. Con esto quiero decir que lo pasé genial, como nunca hubiera pensado que lo puede pasar alguien en su propio jolgorio. Y tengo que decir también que se me han acabado los calificativos para describir el viaje por Argentina (hay que decir miniviaje, dado lo poco recorrido en relación a la extensión total del país). Simplemente espectacular.

Llegados a este punto en el que ya estoy pisando de nuevo la realidad, aunque sólo sea con un pie, lo que me pide el cuerpo es agradecer a todo el mundo la presencia en los acontecimientos, las muestras de cariño, los “homenajes”, la ayuda en la organización, las sopresas, y en fin, mil cosas más que nos han hecho, tanto a Israel como a mí, sentirnos especialmente unidos a vosotr@s.

Me gustaría dar las gracias a mis padres, por ser comprensivos, por aportarnos tantas ideas durante la preparación, por dejarnos hacer aquello que nos apetecía y compartirlo con tantas ganas con nosotros. También muchas gracias a los padres de Israel, que a pesar de lo “atrevido” del asunto han puesto toda la ilusión del mundo y nos han animado.

Y de forma especial quiero agradecer a Leyre y a Pablo su actitud y su complacencia, porque con esas dotes para las relaciones sociales que tienen y que tanto envidio, resultaron ser la clave para la unión de muchos más, y ayudaron enormemente a que cada uno encontrara su lugar en el jolgorio.

Por último, no me quiero olvidar de Luis y del resto del personal de La Tasca Camesa, que al fin y al cabo fueron los que pusieron el esfuerzo para que la primera boda que celebraban les saliera de sobresaliente (a gusto de los contratantes, claro está, que las opiniones ya sé que son diversas, obviamente) con respecto a lo que habíamos pensado.
Como en todas las reuniones, siempre hay algun@ que se siente más en concordancia, mas cómplice del momento, y otr@s que vuelan más bajo ese día, por lo que sea. La lista de l@s que andaban por las nubes aquella noche se me hace bastante larga, y se me ocurren representantes estrellas de todos los grupos: tíos, primos, amigas, amigos, abuelos, primas, cuñados… mayores y pequeños, en definitiva. Y me incluyo yo misma, que milagrosamente se me secaron los lacrimales durante todo el día. Ya tuve tiempo de emocionarme los 15 días siguientes.

Entre este grupo de destacados, y además mucho más discretamente que otr@s (será porque esta vez no inventó ningún baile), encontramos a Diego, que fue también esa persona que hizo de nexo de unión entre familias, entre grupos de amigos, y que acabó conociendo a más gente casi que yo misma, y metiéndoselos en el bolsillo. También mi agradecimiento para él por la complicidad, la de siempre y la de ahora (y por mi regalo de cumpleaños, que ha sido el más bonito que he recibido nunca).

En fin, que cada un@ de los que estuvisteis allí contribuisteis a que fuera un día especial, y en cierto modo, también un día más, pues al fin y al cabo, estábamos “l@s de toda la vida”, con alguna que otra ausencia, tod@s las personas importantes de nuestras vidas.
Podría pasar tanto tiempo recordando tan pocas horas, que parece que lo haya vivido todo acelerado y en vez de 12 horas hubieran sido 3 días de celebración. Pero ya sabéis, queda el momento de la firma formal, así que ya lo repetiremos.

Muchos besos a tod@s.

*Publicado originalmente el 8 de Mayo de 2009, en el espacio Elena y el Trueno*

Eterna Carmen

Él, lleno de ardor y desprecio, pensaba en el final. Como no podía mover ni un solo músculo, pasaba esos días relamiéndose con la escena que había preparado. Su hermano, más solícito que nunca, revoloteaba sin descanso, le sonreía, le plantaba besos intangibles en la mejilla. A veces susurraba números y cábalas. Pero él sólo veía una imagen: la fiesta municipal, y su hermano en aquella esquina oscura con Carmen, su eterna Carmen.
Regalaría con gusto el pase al paraíso por poder ver su cara ante el fastuoso funeral, con la caballería, el orfeón y el horripilante ataúd de marfil blanco y diamantes incrustados que decían: me lo gasté todo.

Semana 19 del concurso de relatos en cadena. Escuela de Escritores - Cadena SER

*Publicado originalmente el 12 de Febrero de 2009, en el espacio Elena y el Trueno*